Concepto de presión osmótica


Para entender la presión osmótica, hay que hacer referencia al concepto de difusión el cual es la base de una mecanismo de transporte pasivo en los potenciales de membrana. Es un intento por equilibrar las concentraciones de un determinado soluto que se encuentra en ambos lados de una membrana permeable a éste. Entonces, el mecanismo de difusión se expresará enviando al soluto desde la zona en donde se encuentre más concentrado, hacia la zona en donde se encuentra menos concentrado. Hay situaciones en las que los solutos no atraviesan con facilidad la membrana, por presentar ésta una permeabilidad selectiva.

¿Mediante qué mecanismo la célula intenta "equilibrar" los diferentes solutos que se encuentra dentro y fuera de ella, en concentraciones diferentes, cuando no es posible lograr el equilibrio mediante el mecanismo de la difusión?

En estos casos la célula emplea el mecanismo de la ósmosis, es decir el paso de las moléculas de agua atravesando la membrana, desde la zona en la que el soluto se encuentra menos concentrado, hacia la zona en la que el soluto se encuentra más concentrado. De esta manera la parte anteriormente concentrada se diluye completamente como consecuencia de la llegada de las moléculas de agua.

Se logra el equilibrio en las concentraciones del soluto X, dentro y fuera de la célula, debido al movimiento de los moléculas de agua, sin la necesidad de movimientos por parte del soluto comprometido. En este sentido, una de las partes (la célula o el plasma) se hidratará, al tiempo que la otra (la célula o el plasma) se deshidratará.



La fuerza con que se expresa la ósmosis se determina por presión osmótica y dependerá de la cantidad de las partículas (no tanto del tamaño de éstas), que se encuentran en la solución. Es como si cada partícula comprometida "llamara hacia ella misma" una determinada cantidad de agua. Entre mayor el número de partículas comprometidas mayor será la cantidad de moléculas de agua que entran en el "juego" de la ósmosis.

Presión osmótica


La presión osmótica del plasma es de aproximadamente 5000 mm de Hg, lo que equivale a 6,7 atmósferas y se debe fundamentalmente a los electrolitos cloro (Cl-) y sodio (Na+), cuya unión forma la simple sal común.



Cuando la presión osmótica del plasma permanece en valores más o menos constantes (plasma normotónico), los eritrocitos (glóbulos rojos), tal vez las células más susceptibles a las perturbaciones de esta constante homeostática, intercambian agua con el plasma sin ganar ni perder el preciado líquido.

Una súbita llegada al plasma sanguíneo de una gran cantidad de solutos (sal de cocina, alcohol, azúcares) torna a éste momentáneamente hipertónico, en relación con el interior del eritrocito. Buscando rápidamente diluir dicho plasma hipertónico, el eritrocito cede parte de su agua, es decir se deshidrata, al tiempo que se arruga, fenómeno que se denomina plasmólisis.



La deshidratación de los eritrocitos es una solución parcial al problema de la perturbación de la presión osmótica, debido al ingreso con la alimentación de determinados solutos. El organismo cuenta con mecanismo más poderosos y efectivos, que se activan una vez se detecte la perturbación de la homeostasia en relación con la presión osmótica. En este caso se hace referencia al mecanismo de la sed y al mecanismo renal. La sed que sentimos después de haber ingerido algo muy salado o muy dulce, o después de haber ingerido grandes cantidades de alcohol, tiene como propósito ayudar a diluir un plasma que momentáneamente se ha tornado hipertónico.

El mecanismo renal se activará y ayudará a lograr de nuevo la normotonía del plasma, excretando una orina más cargada de los solutos responsables de la hipertonía temporal del plasma sanguíneo.

Aunque rara vez ocurre, hay situaciones en las que por el contrario, el plasma se puede tornar hipotónico. La ausencia sostenida de sal en la dieta, puede provocar dicho estado. En estos casos, la concentración de solutos será mayor dentro del eritrocito, perturbación que se trata de corregir ingresando agua desde el plasma hacia el eritrocito. Es decir, la ósmosis se expresa hacia el interior del eritrocito. Si la hipotonía plasmática es sostenida, el eritrocito se hidratará a tal extremo que podrá estallarse; dicho fenómeno se denomina hemólisis. Queda claro que una perturbación sostenida de la presión osmótica compromete seriamente la función vital de los eritrocitos y de ahí la necesidad imperiosa de mantener en valores muy constantes este parámetro fisiológico.



En el caso cuando un barco se haya quedado a la deriva en el mar y se hayan agotado las provisiones de "agua dulce", más posibilidades de salvarse tendrá la persona que "aguante" la sed hasta lo imposible que aquella que decide tomar agua de mar buscando saciar la sed. Con cada sorbo de agua de mar que la persona introduzca en el organismo, estará dando un paso más hacia la muerte.



Cada sorbo de agua de mar aumentará la hipertonía del plasma, provocando una mayor deshidratación de las células de la sangre y un aumento de la sensación de la sed (plasmólisis). Y la persona que decidió aguantar la sed, una vez rescatada, no deberá ingerir grandes cantidades de "agua dulce" ahí mismo, sino beber muy pequeños sorbos hasta que el cuerpo se vaya normalizando, porque de lo contrario, los eritrocitos se saciarán (superhidratarán) provocando igualmente la hemólisis (eritrocitos estallarán).

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