Ciclo cardíaco


Procesos del ciclo cardíaco


El músculo cardíaco presenta un sistema de trabajo único y extremadamente efectivo, que alterna de una manera muy ventajosa el trabajo (la contracción) y el descanso (la relajación). El común de la gente piensa equivocadamente, que la musculatura cardíaca nunca descansa, cuando en realidad es mayor el tiempo que ésta infatigable bomba descansa que el que trabaja.

Para que la función del corazón sea efectiva se requiere que el trabajo de las aurículas se alterne con el trabajo de los ventrículos. Ambas partes del corazón, es decir las aurículas y los ventrículos, trabajan y descansan en un orden predeterminado.

Cuando las aurículas y los ventrículos se contraen, se dice que se encuentran en sístole. Por el contrario, cuando las aurículas y los ventrículos se relajan, se dice que se encuentran en diástole. Es claro que ambos procesos no transcurren en forma simultánea. El tiempo cardíaco con una frecuencia cardíaca en reposo de 75 pulsaciones por minuto se observaría en la siguiente tabla.



Como se observa en la tabla anterior, tanto para las aurículas como para los ventrículos, es menor el tiempo de las sístoles que de las diástoles, lo que corrobora el porqué un corazón, que ha latido durante 60 años, haya trabajado 20 años y descansado 40 años.

Lógicamente que las cosas cambian un poco cuando realizamos ejercicio físico. Con una frecuencia cardíaca de trabajo de 200 pulsaciones, el ciclo cardíaco se reduce de 0,8 segundos en condiciones de reposo a 0,3 segundos. Con ese ritmo tan alto de contracciones cardíacas de trabajo, el tiempo de descanso del corazón (diástole) se ve tan comprometido, que sólo un corazón de un deportista muy bien entrenado puede trabajar con esos niveles tan altos de exigencia, y eso que durante un tiempo no muy prolongado.

Se cree que una frecuencia cardíaca de trabajo es óptima hasta aproximadamente los 170 pulsaciones por minuto, a raíz de que hasta 170 pulsaciones por minuto el régimen de trabajo-descanso, tensión-relajación, es ideal, por cuanto no se compromete tanto la fase de descanso del músculo cardíaca.

Por encima de las 170 pulsaciones por minuto, el trabajo del corazón pierde efectividad y la fatiga de este importante órgano es inminente. Hasta las 170 pulsaciones por minuto, se observa relaciones lineales, entre la potencia de la carga, la frecuencia cardíaca y el consumo de oxígeno.



¿De qué factores dependen las diferentes fases del ciclo cardíaco? Sin duda alguna el principal factor, responsable de que el flujo de sangre vaya siempre hacia adelante, lo constituyen las diferentes presiones que se presentan en el interior de las cavidades cardíacas. Todos los demás factores, tales como los fenómenos eléctricos del miocardio, el volumen de retorno venoso, las válvulas del corazón, el mismo sincitio y los nódulos, aportan cada uno su grano de arena, en el propósito de que el flujo de sangre se dirija de las aurículas a los ventrículos y posteriormente hacia las grandes arterias (pulmonar y aórtica).

¿Cómo ocurren los diferentes períodos del ciclo cardíaco? Empezando por el corazón izquierdo. El ventrículo izquierdo empieza su proceso de contracción (fase de contracción asincrónica), cuando se encuentra aislado de la aurículo izquierda y de la aorta, es decir tanto las válvulas mitral como aórtica se encuentran cerradas.



Un tiempo después, se inicia la fase de contracción isométrica, que hace que la presión interna del ventrículo se torne mayor que la presión a nivel de la aorta y en consecuencia, se produzca la abertura súbita de la válvula aórtica. Inicialmente la sangre fluye hacia la aorta con fuerza y rápidamente (fase de eyección rápida) y posteriormente lo hace de una manera más lenta (fase de eyección lenta).

La aorta al recibir la sangre aumenta rápidamente su presión hasta llegar a ser de 120 mm de Hg. En éste momento ha comenzado el período de descanso del ventrículo (diástole). Al perder el ventrículo presión y al ganar presión la aorta, hay intentos de la sangre de devolverse hacia el ventrículo, hecho que produce el cierre de la válvula aórtica y la expresión del segundo ruido cardíaco (dub).



Se presenta luego la fase protodiastólica, es decir un nuevo aislamiento del ventrículo de la aurícula y de la aorta (ambas válvulas se encuentran cerradas); ya nos referimos sobre el aislamiento del ventrículo en sístole, momentos antes de iniciarse las fases de eyección; en la fase protodiastólica también se presenta el aislamiento del ventrículo, sólo que ahora se presenta en diástole.



Durante todo este tiempo, la aurícula se ha ido llenando de sangre, aumentándose progresivamente la presión de la aurícula izquierda, a tal punto que su presión interna llega a ser mayor que la presión interna del ventrículo, produciéndose la abertura de la válvula mitral. Justo en este momento, el ventrículo recibe e 80% de su sangre, fase que se conoce como repleción rápida. Es importante aclarar que en este momento aún no se ha presentado la contracción de la aurícula. El ventrículo izquierdo, al recibir sangre de una manera rápida, procedente de la aurícula, empieza de nuevo a aumentar su presión interna. Para lograr su presión interna máxima, se requiere que las aurículas se contraigan y envíen el 20% restante de sangre hacia el ventrículo.

Lo anterior produce un aumento súbito de la presión interna del ventrículo y origina el cierre de la válvula mitral y en consecuencia, el primer ruido cardíaco (lub). De nuevo y como se explico al inicio de este artículo, el ventrículo se encuentra aislado en sístole.



En este momento la onda despolarizante recorre la masa ventricular (fase de contracción asincrónica), esperando que al contraerse posteriormente, en condiciones isométricas se aporte el resto de presión que se requiere para producir la abertura de la válvula aórtica. El ciclo se repetirá una y otra vez.

Algo parecido ocurre con el corazón derecho. La diferencia está en que los valores de las presiones comprometidas son mucho menores. Por ejemplo, la máxima presión del ventrículo izquierdo puede llegar a ser de 120 mm de Hg, mientras que en el ventrículo derecho esta presión no excede de los 30 mm de Hg.



Los ruidos cardíacos son consecuencia entonces de los cierres de las válvulas. El primer ruido cardíaco ocurre por el cierre de las válvulas auriculo-ventriculares (lub), mientras que el segundo rudo cardíaco es consecuencia del cierre de las válvulas semilunares (dub).

A veces, las válvulas no cierran herméticamente, permitiéndose el reflejo de sangre. Utilizando un estetoscopio, el médico puede percibir dichos reflujos sanguíneos, denominados soplos cardíacos.

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