Umbral del metabolismo aeróbico-anaeróbico


Umbral del metabolismo energético aeróbico-anaeróbico. Desde mucho tiempo atrás, los fisiólogos del deporte han tratado de fundamentar científicamente la interrelación que existe entre el mecanismo aeróbico y anaeróbico lactacidémico, así como la manera de influir de los mecanismo en cuestión, sobre las funciones cardio-respiratorias.

El mecanismo anaeróbico lactacidémico empieza a desplegarse en forma de campana, una vez el mecanismo aeróbico, por encima de cierto nivel, empieza a tener dificultades en el aporte de energía para utilizar la resíntesis de las moléculas de ATP. La anterior apreciación es totalmente válida para los casos cuando la intensidad del ejercicio de estructura cíclica viene de "menos a más", es decir cuando se trota cada vez con mayor velocidad, por ejemplo.



Precisamente podemos definir el concepto de umbral del metabolismo aeróbico-anaeróbico como la potencia de la carga de trabajo de intensidad creciente, por encima de la cual empieza a manifestarse el mecanismo anaeróbico lactacidémico en la producción de energía, a raíz de una incapacidad cada vez mayor del mecanismo aeróbico, en el propósito de aportar toda la energía que se requiere para el proceso de resíntesis de las moléculas de ATP.



Este límite inferior se considera que se presenta cuando la concentración de ácido láctico equivale a 2 mmol por litro de sangre. Recordemos que la concentración de ácido láctico en condiciones de reposo es del orden 1 mmol por litro de sangre lo que equivale a 10mg %.



Es posible que el "límite aeróbico" se logre con frecuencias cardíacas de trabajo que corresponda al 75% de la frecuencia cardíaca máxima. Por debajo de este "límite aeróbico" el trabajo será marcadamente aeróbico. Por encima de dicho límite de trabajo será aeróbico-anaeróbico, con la particularidad de que entre mayor velocidad de la carrera (mayor potencia), mayor será la participación del mecanismo anaeróbico lactacidémico.

Si embargo, hay otros fisiólogos que definen este límite cuando el ejercicio alcanza el 85-90% de la frecuencia cardíaca máxima. Por encima de este nivel no hay duda alguna que el trabajo se realiza con el predominio energético del sistema anaeróbico lactacidémico, pese a que el mecanismo aeróbico debe estar explotado al máximo (VO2máx).

La zona comprendida entre el umbral aeróbico y el umbral anaeróbico es lo que se denomina zona de transición aeróbica-anaeróbica (imagen siguiente). En esta zona y aproximándonos al limite superior o anaeróbico encontraremos el consumo máximo de oxígeno (VO2máx).



¿Qué sentido práctico se encuentran en estos conceptos?


Es claro que entre más alto se encuentra el "limite aeróbico", mejor entrenados estaremos en relación con el criterio de capacidad energética del mecanismo aeróbico. Lo anterior significa que podemos correr a una mayor velocidad antes que se empiece a conectar el mecanismo anaeróbico lactacidémico.

De igual forma, si el limite superior anaeróbico se encuentra en un punto más elevado, significa que estaremos mejor entrenados en relación con el criterio de potencia energética del mecanismo aeróbico. En estas circunstancias estaremos en capacidad de mantener por un tiempo más prolongado un ritmo de carrera que implique el logro del VO2máx.

Esto indica que nuestra capacidad aeróbica es alta en el sentido de que nuestro organismo puede captar y utilizar mejor y más grandes cantidades de oxígeno que se puede encontrar en el aire que respiramos.

La utilización de este oxígeno es crucial para poder oxidar ácidos grasos y glucosa principalmente, y también para poder reciclar gran parte del ácido láctico producido, proceso que se lleva a cabo por medio del conocido ciclo de Kori.

Así pues que uno de los puntos del entrenamiento debería estar enfocado a este fin puesto que no solamente mejora el rendimiento deportivo sino también el estado general de salud de la persona.

Para ello es necesario aplicar ejercicios de estructura cíclica a intensidad moderada y larga duración, y también combinarlo con ejercicios "explosivos", por así decirlo, o sea donde de un momento a otro y por cortos períodos de tiempo se aumenta la intensidad de ejecución de los mismos para trabajar también sobre la capacidad de trabajo del miocardio, o sea para optimizar el bombeo sanguíneo y por ende el transporte de oxígeno y nutrientes hasta el músculo más distal de nuestro cuerpo.

El punto en resumen está en optimizar la capacidad de trabajo de nuestro corazón, mejorara la irrigación sanguínea, mejorar la captación y utilización del oxígeno y por supuesto mejorar otras cualidades fisiológicas como la resistencia muscular, fuerza, flexibilidad, etc.

Bibliografía:

Tórtora y Derrickson. Principios de anatomía y fisiología (onceava edición)

William D. Mc Ardle, Frank I. Katch, Vitor L. Katch. Exercise Physiology 7th edition.

https://www.britannica.com

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