Sistemas de control homeostáticos


Todo lo que se realiza en el interior de nuestro organismo, desde la reacción más simple hasta la organización de algo extremadamente complejo como lo es la conducta, tiene como fin primordial el garantizar un medio interno rico en nutrientes y oxígeno, y limpio de productos de desecho (Homeostasia del medio interno).

Sólo en estas condiciones nuestras células pueden metabolizar a un ritmo óptimo y aportar su granito de arena, en los momentos cuando el organismo como un todo íntegro, lo requiera, para garantizar la adaptación de éste a las condiciones cambiantes del medio ambiente.

La naturaleza ha perfeccionado durante millones de años unos mecanismos que garantizan el mantenimiento de la homeostasia del medio interno y su rápida recuperación, cuando éste se perturbe momentáneamente.



Aquí nos referiremos al mecanismo básica (involucra al sistema nervioso y al hormonal), que defienden a toda costa el "statu quo" del medio interno.

En todo momento se debe garantizar la homeostasia del medio interno. Igualmente, son muchos los factores que intentan perturbar ese equilibrio dinámico, observado entre todos los constituyentes de los líquidos corporales.



Deben entonces existir mecanismos que midan y evalúen constantemente los constituyentes de los líquidos corporales, que detectan un aumento o una disminución de tal o cual constituyente y que realicen los ajustes pertinentes para garantizar la constancia relativa y dinámica de los constituyentes del medio interno.

Este mecanismo de control, cualquier que sea, debe contar con un sensor, con un componente procesador y analizador y con mecanismos de retroalimentación (conexión de regreso), que continuamente informe sobre lo que ha sucedido en la salida del sistema. De esta manera funciona el sistema nervioso central.

En el mantenimiento de la homeostasia, son claves los mecanismos de retroalimentación negativa, es decir aquellos que intentan moldear la respuesta, negando lo que sucedido a la salida del sistema. Por ejemplo, si los presorreceptores (sensores) localizados en el cayado de la aorta y en el seno carotídeo, detectan un aumento injustificado de la presión arterial, enviarán señales correctivas al centro vasomotor que se encuentra en la médula oblonga, encargado de analizar y procesar dicha información. La tarea será negar el aumento de presión arterial detectado en la aorta por los presorreceptores (barorreceptores).



Se produce entonces un aumento en el tono del nervio vago y muy seguramente una disminución del tono del nervio simpático. El resultado final será una disminución de la presión arterial.

El mecanismo de retroalimentación negativa se observa también en el caso de detectarse un aumento de la concentración de glucosa en sangre. Los mecanismos de control intentarán "negar" este aumento, incrementando la producción de insulina por parte del páncreas y provocando un ingreso más rápido de la glucosa hacia el interior de nuestras células. El resultado es efectivo. El aumento inicial de la concentración de glucosa en la sangre provoca la disminución de ésta, con ayuda de los mecanismos de retroalimentación negativa.

La homeostasia se mantiene princiaplmente a base de mecanismos de retroalimentación negativa, ya que sólo a través del surgimiento de fuerzas opuestas existe la posibilidad de detener y superar los cambios. Los mecanismos de retroalimentación positiva fomentan el cambio y amplifican ciertas desviaciones específicas.



Las duplas "más-menos", "menos-más", "aumento-disminución", "disminución-aumento", son las bases del mecanismo de retroalimentación negativa. Por el contrario, en el mecanismo de retroalimentación positiva, el aumento de alguna sustancia provocaría más aumento de ella. Igualmente la disminución de "algo", provocaría más disminución de ese "algo". Es claro que este último mecanismo provoca el caos, al menos en relación al objetivo supremo: mantener la constancia relativa del medio interno.

La importancia de la homeostasia del medio interno es crucial para el perfecto funcionamiento del organismo, ya que es una premisa imprescindible para que éste se adapte con eficiencia a las condiciones cambiantes del medio y a sus exigencias representadas en forma de estímulos.



El propósito final de todos y cada uno de los subsistemas orgánicos, es el de mantener la homesotasia del medio interno y el de recuperarla rápidamente, en los casos cuando haya sido perturbada por varias razones.

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