Reflejos condicionados e incondicionados


Toda reacción o respuesta involucra una vía sensitiva, un centro integrados y una vía efectora, esta última encargada de llevar la información al órgano efector cuya función se pretende regular. En el reflejo incondicionado, la conexión entre las diferentes vías (sensitiva, integradora y efectora), es congénita, lo que significa que estos reflejos no requieren aprendizaje. La dilatación de la pupila como reacción a un haz de luz, las reacciones defensivas que se integran a nivel de la médula espinal (alejar rápidamente una extremidad de un agente doloroso), el reflejo patelar, el estornudo, la tos, el vómito, el acto de succionar, etc., son todos ejemplos de reflejos incondicionados.

Sin negar la gran importancia que para los humanos tienen los reflejos incondicionados, muchos de los cuales presentan un carácter defensivo, es claro que el hombre no hubiera llegado a la cúspide de la pirámide de la evolución biológica, sin la facultad de crear a lo largo de la vida, nuevas conexiones entre las partes sensitivas, integradoras y efectoras del arco reflejo. La creación de nuevas conexiones es posible mediante el aprendizaje.



El reflejo condicionado se caracteriza porque cada estímulo (luminoso, sonoro, gustavivo, etc.), indiferente en un principio, puede bajo determinadas condiciones perder el carácter de indiferente y convertirse en un estímulo provocador de una reacción de respuestas especial del organismo: motora, secretora, defensora, etc.

Poniendo un ejemplo relacionado con la salivación reflejo-condicionada en un perro, por ejemplo. Si a un perro se le ofrece alimento, al ingresar éste en la cavidad bucal, desencadenará por la vía reflejo-incondicionada una copiosa salivación, es decir se da inicio a la digestión. Recordemos que en la saliva se encuentra el fermento (enzima) pitalina, que empieza a degradar los carbohidratos; por otro lado, la saliva facilita sin duda alguna el acto de la deglución.

¿Cómo es el arco reflejo de esta reacción?



Al ser estimuladas por la composición química de los alimentos, las papilas gustativas (sensores del sentido del gusto), encía, por la vía aferente, información hacia el centro integrador de este tipo de reacción, localizado en la médula oblonga (centro 1). Del centro que controla la salivación, la información nerviosa se dirige por la vía efectora, hacia el órgano efector, en este caso las glándulas salivares, obligándolas a que secreten cierta cantidad de saliva. Hasta aquí se observa un clásico arco reflejo de una reacción congénita que no requiere de aprendizaje.

En la imagen que está más abajo, se muestra la reacción del perro a un estímulo luminoso (puede ser también un estímulo sonoro), que para el momento no se relaciona con el acto de comer. La luz se proyecta entonces como un estímulo indiferente, incondicionado. Esta información visual, sería analizada por el centro visual localizado en la corteza cerebral del animal (punto 3). En este momento no se presenta ninguna salivación.

Por el contrario, si el estímulo luminoso (o sonoro) se aplica unos instantes antes de darle de comer al perro, y si este procedimiento se repite varias veces, el estímulo luminoso pierde progresivamente su carácter de indiferente (incondicionado) y se convierte en un estímulo condicionado, señalador de una acción futurista, en este caso relacionada con la digestión.

Como se observa en la parte C de la imagen, se origina una conexión temporal entre los centros corticales que controlan la salivación (punto 2) y la información visual (punto 3). Lo anterior es el resultado de la capacidad del animal de relacionar, de asociar los dos tipos de estímulos: la luz y los alimentos. El perro "razonaría" así: si prenden la luz, es señal que me van a dar alimento y en consecuencia debo prepararme de antemano para la digestión, es decir debo empezar a producir saliva.

En la parte D de la imagen, se muestra que la salivación se presenta como respuesta al estímulo luminoso, pese a que las papilas gustativas no están siendo estimuladas por el estímulo adecuado, es decir por los alimentos. Se ha elaborado el reflejo de salivación condicionada.



¿Cómo es el arco reflejo de esta reacción reflejo-condicionada?
La información visual (si se trata de la luz del bombillo que es encendido), irá por una vía sensitiva hacia el centro cortical, encargado de procesar, analizar y sintetizar la información visual (punto 3). Posteriormente la excitación se irradiará desde el centro cortical que controla la información visual hacia el centro cortical que controla la salivación (punto 2), para posteriormente dirigirse al centro subcortical de la salivación (punto 1), que como ya se mencionó, se encuentra localizado en la médula oblonga. Por esta vía eferente llegarán las órdenes a las glándulas salivales y las obligarán a secretar una buena cantidad de saliva, acción previa a la llegada de los alimentos a la cavidad bucal.

Prepararse de antemano (para comer, defenderse, huir, etc.), parece ser el sentido biológico de los mecanismos reflejo-condicionados. Es necesario aclarar, que al acto de salivar, sin haber sido estimuladas las pailas gustativas, como ocurre en la salivación reflejo-condicionada, no se presentará indefinidamente. Es necesario que se refuerce de vez en cuando el arco reflejo-incondicionado de la salivación, es decir, es pertinente que se le ofrezca con cierta frecuencia comida al perro, unos segundos después de prender el bombillo.



Lo anterior es fácil de entender. Así como el perro aprendió a asociar la luz con la comida, muy rápidamente aprende a disociar estos dos elementos, si pasado algún tiempo no se le da de comer.

El refuerzo es un elemento de singular importancia en el proceso del aprendizaje. Debemos "premiar", de la manera más sana posible, las buenas acciones, los buenos actos, los aspectos positivos que quisiéramos se manifestaran en nuestros hijos, en nuestros escolares y estudiantes. Una palabra de aliento, de felicitación, una frase de reconocimiento, es a veces suficiente para estimular a las personas en el propósito de alcanzar sus metas.

A veces nos asombran las piruetas que realizan los animales que trabajan en los circos. Por ser actos producto del aprendizaje, se requiere de un refuerzo continuo, que se expresa en una golosina que el domador le ofrece con bastante disimulo al animal, una vez éste haya realizado su acto. En realidad el animal hace su acto sin esperar el reconocimiento del público (aplausos); lo único que le interesa es recibir su deliciosa golosina, es decir el refuerza para que él continúe realizando durante mucho tiempo su acto, que no deja de ser el acto más humillante que se le infiere al animal de circo. Más que la conducta del animal de circo, lo que nos debe causar asombro es la conducta de los humanos que insisten en demostrar la superioridad sobre otras especies, a través de actos que lo convierten en el más irracional entre todos los animales.

Obviamente el mecanismo reflejo-condicionado es mucho más complejo en los humanos. En la siguiente imagen, notamos que aparece un nuevo elemento en los procesos de estimulación: la palabra tanto escrita como hablada, se torna en un poderoso estímulo que nos permite abstraernos de la realidad. na vez hayamos aprendido por experiencia propia acerca de la acidez del limón, que nos provocará como mecanismo de defensa una copiosa salivación reflejo-incondicionada, será suficiente verlo en forma directa o escuchar la palabra que lo designa o incluso solo imaginarlo, para que se presente la salivación, sólo que en estos casos será una salivación de tipo reflejo-condicionada.

La interrelación del organismo con el medio se realiza con la participación de señales que ingresan al sistema nervioso por los órganos de los sentidos, verdaderas "ventanas" que nos permiten ver, olfatear, degustar, escuchar, es decir "sentir" el mundo que nos rodea.



El resultado es una influencia directa de los objetos y fenómenos del medio externo, accionado sobre los múltiples sensores que poseemos. Este tipo de señalización se denomina como "primer sistema de señales de la realidad" y es común para los animales y el hombre. En el mundo animal, este sistema es el canal de información que utiliza el organismo en su interacción con el medio ambiente; con señales concretas, de acción directa: la luz, el color, la forma y el tamaño de los objetos, su composición química, el calor, etc. El primer sistema de señales de la realidad, garantiza a los animales un reflejo real del mundo externo y así, una fina y efectiva adaptación al medio ambiente.

En el proceso de formación y educación del humano, se desarrolla paulatinamente el "segundo sistema de señales de la realidad", característico del humano. Esto hace que la actividad nerviosa superior de los humanos logre un nivel superior, que adquiera nuevas cualidades, permitiendo así una más efectiva adaptación al medio que lo rodea.

El segundo sistema se señales de la realidad es la palabra hablada, escrita o pensada, es la forma superior de señalización del medio que nos rodea, que nos permite una abstracción mayor de la realidad, una señalización más general e indirecta. La palabra es la señal de las señales del primer sistema.

Al observar la imagen siguiente, nos percatamos que si no hemos tenido la experiencia de saborear un limón, es decir si desconocemos por completo el significado de la fruta limón y de su acidez característica, al encontrarse éste en nuestro campo visual, no desencadenará ninguna reacción de respuesta de tipo salivación,



La salivación en forma copiosa, ocurrirá una vez hayamos probado el limón. En lo sucesivo el sólo hecho de ver el limón e incluso escuchar sólo la palabra limón, será suficiente para desencadenar la salivación de naturaleza reflejo-condicionada (es cuando expresamos que se nos hace "agua la boca").

De esta manera el niño va conociendo el significado de todas y cada una de las palabras que en un principio se pueden catalogar de estímulos indiferentes. Sólo la repetición y su respectivo refuerzo le dan a la palabra escrita o hablada el significado que le corresponde. En un principio la palabra mamá, por ejemplo, tiene una connotación muy amplia. En la medida en que el niño se le refuerce el vocablo con la presencia de una persona en particular (ven donde mamá, llegó papá, ven que tu mamá de va a dar de comer, etc.), él termina asociando el vocablo mamá con una persona en particular. Igualmente sucede con el resto de palabras.

De una manera simplista, podemos considerar el proceso de aprender a hablar el idioma natal, o el aprender un nuevo idioma, como el proceso de "bautizar", todos y cada uno de los múltiples objetos naturales o artificiales que nos rodean.

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